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Qué es un metrosexual

Por Lic. Verónica Kenigstein

El término metrosexual fue acuñado en los años 90 por Mark Simpson en Inglaterra y relaciona la expresión de una sexualidad distinta con la vida en las metrópolis. Un metrosexual es un hombre que puede ser hetero, homo o bisexual (eso no importa demasiado, aunque suele llamarse así a varones heterosexuales) pero tiene algunas características tradicionalmente asociadas con el género femenino, que por lo general tienen que ver con cuestiones de estética, de sensibilidad y ternura.

Es un varón (generalmente con dinero) preocupado por su imagen física, que no tiene inconvenientes en hacer cosas como pintarse las uñas, arreglarse el pelo, usar productos para el cuidado de la piel, vestir a la última moda. Fundamentalmente, está orgulloso de hacerlo y lo muestra al mundo.

No tiene mucha importancia a qué se dedica, aunque suele ser un profesional independiente y puede encontrárselo en ambientes relacionados con la moda, los medios, los deportes o la música pop. Uno de los referentes mundiales de este tipo de hombres, “el nuevo estilo de varón del siglo XXI”, es el futbolista británico David Beckham.

Aunque estos varones hacen cosas que habitualmente sólo hacían los hombres gay, por lo general son heterosexuales y su objetivo final es conquistar a las mujeres, cosa que logran con frecuencia (sí, claro, a las mujeres nos encanta que los hombres se cuiden físicamente).

Habitualmente son hombres jóvenes, narcisistas, de aspecto muy cuidado y con una estética antes relacionada de manera casi exclusiva con la cultura gay. Les gusta que los miren y los admiren. Viven en las grandes ciudades y son asiduos usuarios de gimnasios, clubs, peluquerías y otros negocios relacionados con la moda, la cosmética, el diseño, la estética personal y de la casa. Pero les gustan las mujeres.

Les gusta también ser admirados por los hombres. A veces sucede que por algunas de las señales físicas que emiten, los gays se confunden con su orientación sexual, pero suelen no ser agresivos y sencillamente dicen: “no, te equivocaste, pero gracias por el piropo”.

Estos varones han existido siempre. Ahora se les ha dado un rótulo y cada vez tienen menos vergüenza de asumir y mostrar su parte femenina. Han decidido dejar de obligarse a ser “machos”, para aceptar de sí mismos una expresión diferente de su sexualidad y comenzar a vivir una sensibilidad que también les pertenece.



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