El placer es un concepto que implica encontrar y ponerse en contacto dentro
de sí mismo con aquellas cosas que producen felicidad, satisfacción, bienestar y
la sensación de que se está haciendo lo correcto.
A veces sentimos que
necesitamos más placer en nuestra vida. Y no nos damos cuenta de que en
distintas oportunidades dejamos pasar muchas situaciones que pueden producirnos
plenitud, una sensación de completud que está dentro de cada persona y a la que,
con entrenamiento, se puede aprender a acceder.
Desde el punto de vista biológico, en el cerebro existen centros que al ser
estimulados producen en el organismo sensaciones placenteras. En algunas
personas, fundamentalmente debido a aprendizajes emocionales que se han
producido a lo largo de su vida, el estímulo de estos centros se ve interrumpido
o interceptado por barreras que se van creando a partir de otros estímulos que
en lugar de tener efecto en los centros del placer, se desvían e inciden sobre
los centros del dolor. Éste puede sentirse en el cuerpo o ser de tipo emocional
o espiritual.
Las barreras comienzan originadas en situaciones contextuales o
emocionales y paulatinamente pueden convertirse en impedimentos físicos
(biológicos) que evitan la experiencia completa de placer. El placer se
experimenta fundamentalmente en 3 ámbitos: físico, emocional o psicológico y
espiritual.
Uno de los secretos de la experiencia del placer tiene que ver con vivir en el
presente: el aquí y ahora. El pasado ya no existe. Podemos acceder a él a través
de la memoria que, es verdad, puede producirnos sensaciones placenteras,
transportarnos mentalmente a situaciones en las que vivimos con plenitud o
felicidad. Pero el pasado ya pasó. No tiene sentido vivir en él. El futuro, por
su parte, todavía no ha llegado. Podemos construir ideas de lo que vamos a ser,
planificar lo que queremos hacer, lo cual es válido y necesario.
Sin embargo
esas ideas están en nuestra mente, en un tiempo que aún no tiene existencia. No
podemos pasarnos la vida planificando. Lo único que tenemos es el presente, lo
que ocurre en este mismo instante. Lo que percibimos, lo que nuestros sentidos
nos dicen, lo que sentimos en el corazón, aquella conciencia o apertura que
tenemos frente a las distintas circunstancias que nos rodean, a lo que sentimos
dentro, como posibilidades de ser quienes somos en realidad.
El placer tiene que ver con estar consciente de aquello que pasa adentro y
afuera (de sí mismo/a) en el momento en que el hecho se está produciendo. Puede
encontrarse en la cocina (si a alguien le gusta crear cosas nuevas, los aromas
de los alimentos, la aventura de producir algo delicioso a partir de elementos
crudos), en un paseo por la naturaleza (el silencio y los sonidos del campo, la
visión de un lugar hermoso, el aroma de la tierra mojada por la lluvia), en
jugar con una mascota (su calidez y ternura, su entrega e incondicionalidad), en
pasar un rato con los niños, en la sexualidad, en una situación o una
conversación con la pareja o con un amigo. En cada situación pueden encontrarse
sentimientos placenteros. Depende, fundamentalmente, de la actitud con la que la
vivimos.