¿Suena esto familiar?
La historia típica de un hombre de edad intermedia que gradualmente pierde su
ímpetu, fuerza, energía y entusiasmo para la vida y para el amor. El hombre de
acción se ha convertido de repente en el hombre de la inacción. Un cansancio
mental y físico que lo envuelve todo desciende sobre él, a menudo sin razón
aparente. Él cambia de ser una persona positiva, optimista con la que se está
bien a un sujeto negativo, pesimista y depresivo con una mente dolorida y es
cada vez más difícil vivir o trabajar con él. En el trabajo parece haber "salido
del hervor" y ninguna dosis de ánimo o apremio mejora su rendimiento. En la
casa, las relaciones familiares tienden a volverse cada vez más restringidas, y
la vida y actividades sociales menguan y se marchitan. Su vida sexual usualmente
es un área de desastre, con pérdida de la libido y fallas intermitentes para
obtener una erección conducente a una ansiedad por el rendimiento y
eventualmente la impotencia total. Esto crea una espiral descendente de
funciones declinantes en ambos, el dormitorio y el escritorio. (Dr Malcolm
Carruthers, Maximizando la Virilidad, página ix.)
¿O esto? Un relato personal sobre la andropausia
Los cambios me vinieron gradualmente, justo alrededor de mi cuadragésimo (40)
cumpleaños. Al principio sospeché que algo estaba mal cuando mi cuero cabelludo
comenzó a escamarse y mi piel se secó, particularmente en mi rostro. No sabía
qué pasaba - sólo pensaba que tenía un "problema de la piel". Sin darme cuenta
me volví increíblemente taciturno - bueno, irritable, realmente, y me comportaba
de una manera que la mayoría me rechazaba, saliéndome de las casillas ante la
menor provocación. Una vez realmente me precipité fuera de la oficina, cuando me
fue dado trabajo extra, y me volví a casa, sintiéndome enteramente justificado.
Desde ya que la reacción a esto no fue buena, y me forzó a considerar qué estaba
pasando. Cuando estaba contando los otros cambios que me habían venido, se me
ocurrió que había perdido mucha de mi libido; usted pensará que es sorprendente
que no lo hubiese notado antes, pero no estoy casado, y mi última relación había
sido nueve meses antes. De estar caliente y listo para el sexo, siempre que
estuviera disponible, o aún sin estarlo, con erecciones firmes la mayoría de las
mañanas, y un fuerte impulso a masturbarme dos o tres veces por semana, me di
cuenta que realmente no me importaba más el sexo, y que no me estaba masturbando
más absolutamente. Mis erecciones matinales eran débiles y parecían más pequeñas
y menos firmes, lo cual era particularmente angustiante puesto que no soy muy
grande en esa área de todos modos: todo bien al estar duro y firme, pero ahora
me veía claramente triste con una erección pequeña y débil. Y cuando el
cansancio y la depresión comenzaron: Salí de la cama sintiéndome como mierda, si
usted me disculpa el término, y permanecí así todo el día. En un momento, pude
difícilmente arrastrarme a mí mismo a la oficina.
Los amigos comenzaron a mostrarme mis errores - más a menudo, parecía,
evitándome. Pero entonces, realmente no quise hacer nada – incluso ver a mis
amigos, con quienes había pasado muchos momentos felices. De alguna manera todo
parecía demasiado esfuerzo. En algún punto en el proceso me dí cuenta que había
aumentado de peso, o que me había vuelto, bueno, para no ponerle un punto
demasiado bueno a eso, gordo. Comía y bebía un montón, pero parecía cómodo
comer, y mi colesterol comenzó a trepar sostenidamente. Desde ya, siempre es
posible racionalizar las cosas, y pienso que ésta puede ser una fuente de
comodidad, especialmente cuando no tenemos el conocimiento de lo que está
pasando realmente. Y así comencé a explicarme cosas a mí mismo: "Es estrés – y
no es sorprendente – miren lo que pasaba: La compañía de mi empleador yéndose a
pique, presión extra, amenaza de despido." Y en un nivel personal: "Estoy tan
disconforme y desilusionado con lo que he logrado en la vida. Y no es de
asombrarse que esté desdichado, estresado, gruñón."
Esta, pensé, debe ser la famosa crisis de los 40, introducida en mi caso, pensé,
por la repentina comprensión de que estaba en la mitad de mi vida y sintiendo
que había logrado pocas cosas de trascendencia. Particularmente significante era
el hecho que no había podido comenzar mi propia familia, un deseo que, mientras
que estaba arraigada en mí la creencia que sería un padre fantástico, era algo
que hacer con un deseo de dejar algo sobre la Tierra después de haberme ido.
Pero, me preguntaba, ¿explicaba la idea de la crisis de los 40 los dolores y
achaques de mi cuerpo? ¿El dolor en mi columna lumbar? El cansancio (¡oh, el
cansancio!) ¿Y qué de las raras olas de calor y enrojecimiento de mi rostro que
ocurrían al azar, pero especialmente a la noche, dejando la cama y a mí
empapados de transpiración, e incomprensiblemente ambos calientes y fríos a la
vez? ¿Explicaba eso mi impotencia, ahora casi completa, alrededor de un año
después de que todo esto había comenzado? ¿Y explicaba el hecho de que mi pene
se veía permanentemente encogido y pequeño? Esto no parecía creíble, aún cuando
muchos autores parecían creer que la crisis de la edad intermedia y todos sus
síntomas – físicos y emocionales – eran solamente una manifestación de
depresión. Y no caben dudas de que estaba deprimido. Bueno, la depresión puede
estar causada por muchas cosas, en muchos momentos de la vida, y a menudo el
estrés es una de ellas, de modo que podría haber una explicación. Una sin
salida, como el huevo y la gallina, pero aún una explicación. Estaba deprimido,
y la depresión causa impotencia. Esto me volvió más deprimido y aletargado... y
así sucesivamente...
Yo no sé qué fue lo que al final me hizo reaccionar, pero supongo que fue el
aspecto sexual de mi situación. Antes había sido impotente, durante los veintes,
en la Universidad, bajo un gran estrés, y no puedo recordar que esa experiencia
tuviera la misma calidad que ésta. Ahora, parecía haberme movido a través de una
fase de ser menos sexual a una de ser impotente y desinteresado por el sexo,
asexuado, si usted quiere, pero aún sintiendo como un hombre, hasta una etapa
final en la que estaba tan mal que me cuesta describirla exactamente: era como
si la esencia misma de mi masculinidad hubiese sido arrancada de mí, y que se
hubiera dejado en su lugar un agujero abierto.
Tampoco, extrañamente, mirando hacia atrás, puedo recordar cuándo fue la primera
vez que escuché sobre la menopausia masculina o andropausia, aunque pienso que
puede haber sido un artículo de una revista que estaba leyendo en la casa de un
amigo. Y entonces, obviamente, me di cuenta. Todos los síntomas que había
experimentado estaban descriptos en el artículo, ambos, físicos y emocionales,
especialmente la depresión, y vi qué ciego había estado: algo funcionaba
desesperadamente mal con mis niveles de testosterona. Aún sentía que quizá las
cosas emocionales eran "mi falla", pero los dolores y molestias, la piel seca,
la impotencia – de ninguna manera eran fruto de mi imaginación. Tomé un turno en
una clínica para hombres para un chequeo, y, supongo que, mi testosterona estaba
muy por debajo de los niveles considerados normales.