¿Cómo influyen en la inseguridad sexual el tamaño del pene y la eyaculación
precoz?
El tamaño del pene es más una preocupación masculina que femenina. Una de las
cosas en la que las mujeres coinciden es que lo que más deserotiza de un hombre
con un pene pequeño no es tanto el tamaño, como la inseguridad que transmite al
considerarlo un problema, su actitud acomplejada y poco seductora y su forma
“mecánica” de emprender la relación sexual.
Es mucho más erótico para una mujer estar con un hombre de pene pequeño que se
siente seguro de cómo tratarla en la cama, y que usa todos sus recursos para
seducirla, excitarla y acompañarla en su placer, que con uno de pene grande que
no sabe qué hacer con él o es brusco y poco sensible.
El tema del tamaño, si bien no es desdeñable (tantos hombres sienten tanta
inseguridad que están dispuestos a operaciones y procedimientos sumamente
riesgosos para cambiar esta situación), también tiene que ver con
compatibilidades.
Si un hombre de pene relativamente grande se encuentra con una mujer de vagina
pequeña se producirá la misma incompatibilidad genital que si fuera viceversa
(un hombre de pene pequeño con una mujer de vagina grande).
Aunque la vagina es un conducto flexible que se hincha y esponja durante la
excitación y puede adaptarse a casi cualquier tamaño de pene, hay posibilidades
de que ésta sea muy flexible y dilatada para el tamaño de él.
La eyaculación precoz es uno de los problemas serios de nuestra época y su
altísima frecuencia más que tener que ver exclusivamente con el área sexual, se
relaciona más con una forma ansiosa, apurada y nerviosa de enfrentar la vida.
Los hombres que sufren de eyaculación precoz suelen ser personas que viven su
vida con rapidez y sin disfrute, sin degustarla, probablemente coman también
apurados, caminen rápido y les cueste concentrarse con presencia y lentitud en
alguna actividad sosegada y tranquila.
Entonces la solución no pasa por trabajar con su genitalidad (que es solamente
el síntoma del problema), sino con su forma integral de relacionarse consigo
mismo, con la vida y con las otras personas.
Tanto hombres como mujeres en general se relacionan con su sexualidad como si
fuera un espacio de competencias, una carrera con un único objetivo: el orgasmo.
La relación sexual tiene más un sentido de encuentro, de placer compartido, de
conocerse, de transitar juntos un camino, con conciencia y disfrute, que de
lograr llegar a una meta.
Si las personas se ponen el rendimiento y el “llegar a algún lado” como único
camino posible de su sexualidad, es posible que se estén perdiendo una gran
parte del sendero, que tiene muchas posibilidades, sensaciones y emociones
disfrutables.
Para eso, se necesita estar muy conciente del propio cuerpo, de las sensaciones,
de las sutilezas de las distancias y la intensidad de los toques, los aromas,
los movimientos.
Además, el que las personas centren su sexualidad exclusivamente en su
genitalidad reduce en un altísimo porcentaje sus alternativas de exploración. Y
cuando lo que sucede no es lo que esperan, se frustran.
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Por Lic. Verónica Kenigstein
Sexóloga holística - Corporalista
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