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Cómo hablar para obtener lo que deseas

Por Lic. Verónica Kenigstein

Creo que tengo problemas de comunicación. Mis relaciones son tormentosas y no logro lo que quiero. Termino siempre peleando con la gente. ¿Soy yo o es que me encuentro siempre con personas con problemas? Por favor, ayúdame a resolver esto,

Las palabras sirven para hacer cosas, tienen efectos (deseados o indeseados). Nuestra actitud (darnos cuenta de ella y responsabilizarnos de nuestra parte: sólo podemos tener poder sobre nosotros mismos) puede ayudarnos a relacionarnos como queremos. Podemos, comprendiendo este aspecto práctico de la comunicación, planificar (desde nuestra posibilidad, el 100% de nuestro 50% de responsabilidad) el efecto que queremos que tenga nuestro lenguaje. Hay distintos tipos de enunciados. Analicemos algunos, para entender de qué se trata.

Afirmaciones
Una afirmación es una frase que describe una situación externa, que puede ser comprobada por otra persona. Por ejemplo: “en esta habitación hay una cama matrimonial, cubierta de un cubrecama amarillo”. Cualquier persona que observe esa situación podrá estar de acuerdo con dicha frase. Notemos que en realidad, aunque se llamen afirmaciones también pueden ser negativas, por ejemplo: “en este cuarto no hay sillas”. Estas frases u oraciones no tienen incorporadas juicios de valor ni emociones de quien las dice. Su objetivo es describir una situación.

Expresiones
Son oraciones o frases que transmiten el sentimiento, la actitud o la emoción de quien las dice. Por ejemplo: “tengo frío”. Es diferente decir: “hace frío”, que decir “ahora la temperatura es de 2º C” (una afirmación, porque puede ser comprobada a través de un termómetro) y de la primera oración, en la cual quien dice la frase se está haciendo cargo de su propia sensación. Decir: “tengo frío” expresa lo que me sucede a mí con la temperatura, mientras que “hace frío” es dar por sentada una afirmación difícil, si no imposible, de comprobar, porque mientras para una persona friolenta 2 grados puede ser helado, para una persona que no sufre las bajas temperaturas, puede ser una temperatura que no produce incomodidad. El objetivo es expresar una emoción, sentimiento o actitud interna de la persona que habla. Y permite que quien habla tenga el poder sobre lo que dice.

Pedidos
Un pedido tiene el objetivo de solicitar a otra persona que haga algo para satisfacer mi necesidad. Para que un pedido tenga el efecto deseado es importante que la acción que el emisor requiere del receptor sea claramente identificable. Se necesitan claridad y concreción que permitan que lo pedido sea observable. Pretende que la persona que escucha haga algo que la otra persona desea o necesita. “Me gustaría que me hicieras un masaje en los pies” es una conducta concreta, observable. En cambio: “quiero que me cuides más” no tiene posibilidades de ser comprobado. El cuidado puede representar distintas cosas para cada persona.

Otro ejemplo de pedido bien formulado sería: “me encantaría que, si también te gusta, usaras el perfume X, que me gusta mucho”. Un pedido ambiguo (incorrectamente formulado) sería por ejemplo: “préstame más atención”. ¿Qué significa “más atención” para la persona que lo pide? ¿Y para quien recibe? Por eso es tan importante expresar los pedidos en forma concreta de manera que quien recibe el pedido sepa con claridad qué se espera de él o ella.

Preguntas
Son formulaciones cuyo objetivo es obtener una respuesta por parte de quien escucha (que a su vez entonces se convierte en emisor del mensaje). La acción esperada es una respuesta, también verbal o no verbal. Una pregunta bien formulada le da a quien responde la posibilidad de expresarse. Por ejemplo: “¿Te gustaría que fuéramos a cenar afuera esta noche?”, “¿Qué te gustaría hacer esta noche?” o “¿Tienes planes para esta noche?”. En estas tres oportunidades, le damos a quien preguntamos la posibilidad de responder según lo que le sucede. Es distinto si de alguna forma intentáramos guiar a la otra persona (manipularla) hacia donde nosotros queremos ir. Por ejemplo: “¿Verdad que quieres que vayamos al cine esta noche?” Así, de alguna forma cerramos la posibilidad de que la otra persona responda verdaderamente desde sí misma.

Las preguntas son una herramienta muy poderosa. Abren muchas posibilidades y propician el espacio para la comunicación porque, bien formuladas, le dan a la persona a quien se hace la pregunta, opciones para que pueda ser sí misma.

Ofertas o promesas
Son algo que digo cuando estoy comprometiéndome con otra persona a hacer algo. El objetivo es establecer un compromiso. Es muy importante, para una comunicación armónica y efectiva, cuando hacemos promesas u ofertas que sean hechas con la intención y la previsión de cumplimiento, para cimentar la confianza. “Esta noche, cuando terminemos de cenar, te haré un masaje en los pies” es un ejemplo. Solamente tiene sentido y posibilidad de éxito cuando el ofrecimiento se basa en hacer realmente eso que prometo.

Declaraciones
Una declaración es una formulación que establece un antes y un después en función de que se ha pronunciado. Por ejemplo, una declaración podría ser: “Renuncio, así no puedo más”. Es decir, lo que sucedería luego de mi declaración es que ya no seguiría en aquello que me produce malestar. Algo debe hacerse para cambiar el estado de cosas porque hay una realidad que llegó a su fin. “No sé cómo complacerte” implica que es necesario aprender algo nuevo para llegar a lo diferente. Las declaraciones tienen también un enorme poder para el cambio.

Juicios
Uno de los actos de habla más utilizados y que suele ejercer un poder muchas veces contraproducente en función de la intención del emisor, es el juicio. Un juicio implica la opinión de quien habla, expresada como una realidad incontrovertible. Por ejemplo: “eres muy bruto cuando me tocas”. En realidad, la “brutalidad” no tiene una forma de ser definida y comprobada; expresa, en forma tajante, la sensación de quien recibe el toque. Usamos los juicios sin darnos cuenta del poder que tienen, no para lograr nuestros objetivos sino para generar desencuentros comunicacionales. Los juicios expresan opiniones, actitudes o sensaciones, dando como un hecho algo subjetivo.

Lo interesante de esta clasificación es proporcionar herramientas para darnos cuenta de cuándo decimos algo de una manera para lograr alguna cosa y en realidad, por la forma en que lo hacemos, generamos el efecto contrario. Podríamos transformar un juicio en una expresión cuando decimos: “Cuando me aprietas de esta manera al tocarme, me duele”. De este modo, me hago responsable de lo que me pasa a mí frente a una acción de la otra persona y genero el espacio para que él o ella se dé cuenta de su propia responsabilidad y pueda decidir (o no) hacer un cambio.

Enunciados especiales
Hay algunas formas de expresión que enmascaran el propósito comunicacional que las anima. Sobre todo en la relación de pareja, estas formas de comunicación pueden llegar a ser muy dañinas si no nos damos cuenta de que las estamos usando. Hablamos de las quejas, los reclamos y las órdenes o instrucciones.

Una queja es una expresión, en términos negativos, de algo que me está molestando. El problema es que en la queja no suele haber una propuesta de solución sino simplemente la manifestación lastimosa de algo que no funciona. El efecto de la queja no suele tener los resultados esperados por quien la emite (quien, por lo general, espera un cambio en la conducta de su contraparte). Quien recibe la queja se llena de la negatividad inherente y sencillamente tiene una actitud reactiva: reacciona defendiéndose. El resultado: ambas partes se sienten mal, insatisfechas y el objetivo comunicacional no se logra. La conclusión es que quejarse no tiene demasiado sentido, es preferible expresar un sentimiento que refleje lo que nos gustaría que cambiara y hacer un pedido en consecuencia. Un ejemplo: “Cuando me prometes que me llamarás y no lo haces me enfado (¡en realidad me dan ganas de insultarte!). ¿Podrías prometerme sólo aquello que realmente harás?”

Una queja es un juicio (“Eres un descuidado”), enmascarado, que no abre posibilidades de cambio. Podemos darnos cuenta de lo que necesitamos y sentimos, expresarlo haciéndonos cargo de nuestras propias palabras y emociones y luego formular un pedido concreto orientado hacia el cambio que necesitamos.

Un reclamo, por su parte, es la expresión de desagrado o malestar por algún compromiso previo no cumplido. Una oferta que hizo la persona con quien me comunico no tuvo el cumplimiento esperado. Eso, lógicamente, produce frustración y desencuentro. También en este caso, tomando como base el compromiso previo que ambos asumieron, la persona afectada puede expresar su sentimiento con respecto a la falta de cumplimiento y hacer un pedido en consecuencia. Es importante, al hacer compromisos, llegar juntos a un acuerdo sobre qué sucedería si alguna de las partes no cumpliera su parte. De esta manera, cada uno es responsable, sabiendo de antemano las consecuencias de sus propias acciones. Muchas veces, dentro de la pareja, la comunicación está plagada de reclamos o, a veces peor, de quejas, que terminan resultando inconducentes.

Las órdenes o instrucciones son una forma de pedidos formulados de forma imperativa. En general, las órdenes o instrucciones forman parte de una relación asimétrica, cosa que en una pareja no es lo más conveniente. La persona con mayor jerarquía (por ejemplo, un jefe) da una orden a un empleado, precisamente en función de esta autoridad. O lo mismo ocurre con un padre o una madre con su hijo/a. Como en una relación como la que nos ocupa las dos personas son pares, los imperativos no son la forma más efectiva de hacer un pedido porque van a generar una reacción de rebeldía por parte de quien recibe la orden. A veces, sin querer, podemos tener la intención de formular un pedido y nos sale una orden. Por eso, es útil conocer la diferencia entre usar, por ejemplo, un verbo en imperativo (“acaríciame la espalda”) o suavizar la frase mediante un pedido (“¿me podrías acariciar la espalda?”) o una expresión: “me encantaría que me acariciaras la espalda”).

Por último, están las invitaciones o propuestas, que son un híbrido entre una pregunta y un pedido. La persona que propone, expresa una invitación o propuesta preguntándole a quien escucha si está dispuesto a seguir este curso de acción: “¿Qué te parece si salimos a cenar esta noche?” “Te propongo hacerte hoy un masaje y mañana me haces uno tú, ¿qué opinas?”.

Dándonos cuenta del poder de nuestras palabras, podremos ir acercándonos cada vez más a la paz en nuestros vínculos y la vida que deseamos.


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