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El oro está ligado a la Historia del ser humano ya desde la más remota antigüedad. Aunque no se conoce con seguridad la fecha exacta en que se descubrió, sus primeros restos arqueológicos, encontrados en fósiles de cuevas Paleolíticas, datan de hace más de 40.000 años.

Solo podemos conjeturar cómo ocurrió este hallazgo y la importancia que pudo tener para el Hombre en su etapa más primitiva, pero lo que sí sabemos con más evidencia es la fascinación que ha despertado en las diversas culturas que han conformado nuestro mundo hasta el momento.

El uso de este metal precioso se remonta a las primeras civilizaciones conocidas de Oriente Medio, seis milenios antes de nuestra era. Su belleza y escasez, además de otras características como su invulnerabilidad al paso del tiempo, su maleabilidad y su capacidad de conducción de la electricidad, lo han elevado a un lugar privilegiado desde que se comenzó a utilizar asiduamente.

Las piezas de joyería más antiguas encontradas provienen de Sumeria, del interior de las tumbas de la Reina Zer y la Reina Pu-Abi, y su composición principal es el oro. Para los sumerios, este metal llegó a ser tan valioso que incluso lo asociaban con sus divinidades. Y es que, según la interpretación de unas antiguas tablillas, tenían la creencia de que sus dioses llegaron a la Tierra en el pasado para conseguir el preciado oro.

Los egipcios, por su parte, tampoco se quedaron atrás en cuanto a la importancia que le confirieron. Obtenido primeramente de cursos fluviales secos al sur del país, pronto se convirtió en su metal más valioso, con el que engalanaban a sus faraones y esculpían a sus dioses. Ya en el milenio III a.C. comenzaron a importarlo masivamente de Nubia, al sur del Sudán, y es a partir de entonces cuando se inicia el desarrollo de la metalurgia del oro y su técnica de minería.



Asociado desde un principio al poder y la riqueza, no se puede negar su influencia en la Historia de la Humanidad, sobre todo desde el momento en que comienza a utilizarse como moneda en Lidia, al oeste de la actual Turquía, aproximadamente entre los años 680 y 560 a. C. Ya fuese como medio de pago o en forma artesanal, el oro se convirtió en el metal más valorado también para civilizaciones tan importantes como la griega y la romana, que lo utilizaban como símbolo de estatus y opulencia.

Y lo mismo ha ocurrido más tarde. Ya en la Edad Media, el oro estaba limitado a las clases más poderosas, entre ellas la Iglesia, que acaparaba gran parte de los objetos fabricados con oro. De ahí que muchos de los objetos que se conservan de la época tengan connotaciones religiosas.

El descubrimiento de América también fue un importante hito para la historia del oro. Los yacimientos encontrados por los conquistadores fueron minados y sus metales extraídos para enriquecer a las naciones europeas y crear nuevas civilizaciones en el territorio descubierto. Este constante flujo de metales preciosos favoreció el desarrollo del comercio, tanto en España como en el resto de Europa, aunque también propició cuestiones más oscuras como la esclavitud de los indígenas americanos, la piratería o las luchas encarnizadas entre naciones debido a la codicia.

Ya en 1821, Gran Bretaña fue la primera en adoptar el patrón oro, seguida gradualmente por el resto de Europa, con el cual se establecía la equivalencia de la unidad monetaria con determinada cantidad de este metal. El sistema se mantuvo hasta el final de la I Guerra Mundial, cuando sólo Estados Unidos seguía obedeciendo a este estándar.

Desde entonces, el oro ha continuado siendo una garantía económica para quien lo adquiere. Utilizado en joyería, industria y electrónica, sigue siendo una gran inversión al conservar un valor tangible y seguro, a diferencia del dinero fiduciario que se basa en la confianza que debemos depositar en las entidades bancarias.


Fuente: The Gold House

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